Paz y Justicia

Eran más de mil, seguro que eran más de mil. Iban cargando una vela en sus manos, una llama de amor en muestra de solidaridad y respeto.

Una mezcla de sentimientos inundaba la ciudad, nadie pudo estar indiferente, porque nos tocó vivir muy de cerca algo que normalmente —y digo normalmente, pero no debería siquiera serlo— en las películas, en los informativos, en lugares muy lejos de aquí: tomaron la vida de un comerciante, cuando apenas caía el sol, a sólo tres cuadras de la Comisaría.

Nos jactamos de vivir en un pueblo chico, tranquilo, pero así como el mundo evoluciona y todo lo que parece genial llega, lamentablemente llegaron también lo hicieron la droga y la delincuencia. Parecemos perder el amor por la vida, aquello de que “mi derecho termina donde empieza el del otro”.

Despotricamos contra el gobierno, que por cierto es de turno, contra la policía, los jueces, contra los padres que no educaron, contra los gurises que se perdieron, contra el vecino que hoy se compró un arma. Nos preocupamos y sólo hablamos de lo terrible, inseguro y cruel que se está volviendo el mundo, sin darnos cuenta de que nuestros pensamientos y dichos poco hacen para cambiar la situación en que vivimos.

Probemos reunirnos, hablar y pensar formas para revertir esta situación, pongamos toda nuestra fuerza en juntarnos de coraje para expresarnos, de amor y de tolerancia para debatir sobre soluciones.

Vos que sos joven y tenés fuerza nueva, hablá con tus amigos, proponé ideas en los centros de estudio o en las redes sociales, conversá con tus padres, tus abuelos o tus referentes. Construyan el mundo en el que quieren vivir.

Vos que sos un adulto con todas las letras, usá tus contactos, mové tus fichas, empujá una idea nueva, escuchá y procurá resolver desde tu corazón, ese espacio en medio del pecho que resuelve para un bien mayor, no sólo para el tuyo.

Me duele escuchar, me duele ver, me duele profundo que teniendo en nuestras manos, en nuestra cabeza y en nuestro pecho el poder de revertir y de crear, sólo nos enfoquemos en el problema.

El problema está y va a seguir estando, pero no hay tiempo para esperar. Sé que hay mucho por hacer, pero el miedo, la indignación, la bronca no nos puede seguir paralizando.

Anímate hoy a salir de tus formatos, porque mientras tengamos niños, hay esperanza; mientras haya jóvenes llenos de ilusión y de amor por el mundo, de respeto por el otro, de solidaridad, de movilizarse en paz, entonces hay esperanza; mientras haya adultos responsables, movidos por la justicia y la paz, entonces hay esperanza. El resto son minoría.

No nos detengamos ni un sólo minuto más para despotricar, no malgastemos nuestro tiempo adorado, aprovechémoslo en juegos, en charlas interminables, en sobremesas, en crear, en ayudar a otro, en escuchar.

Adelante, házlo.

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