Esteban Conde en el Parque Central

Mérito a la perseverancia

Por: Martín Centurión — agosto 2015

Un golero al que, tanto en la cancha como en la vida, le ha tocado atajar pelotas complicadas. Algunas de ellas no pudo detenerlas, pero fueron esas las que más pacientemente aprendió a superar para lograr llegar a donde está hoy: defendiendo los tres palos del cuadro de sus amores.

¿Cómo fueron tus comienzos en el fútbol?
Empecé de chiquito, desde que me acuerdo, siempre pateando la pelota. Hice baby fútbol en Rampla y las juveniles en Nacional (de Young). A los 17 ó 18 años me vine a Montevideo. Primero tuve unas pruebas en Danubio, fueron tres meses de entrenamiento y estaba todo encaminado para seguir ahí pero cambiaron el entrenador y me pidieron que pruebe de nuevo, les dije que no porque ya había estado tres meses haciendo eso.

Después surgió una posibilidad en Nacional y ahí no me fue bien, estaba muy nervioso, porque fue venirme directamente de Young a entrenar al lado de, por ejemplo, Ruben Sosa, era muy fuerte para mí. Yo ya estaba planeando con mi familia que me iba a quedar allá sólo a estudiar, y surgió como última opción probarme en Rentistas.

Estuve seis meses viviendo en el club, entrenando toda la semana pero sin jugar porque no estaba fichado. Tampoco iba a jugar a Young porque directamente no estaba en mis planes. Justo cuando estaba a punto de volver apareció la oportunidad del fichaje, empecé jugando en la Tercera División de Rentistas y al año siguiente debuté en Primera.

¿Cómo fue ese debut?
Fue inesperado, porque yo iba a ser suplente de otro muchacho, que era bastante joven, un arquero del club también. Pero en la B querían recortar los gastos y entonces quedó él y yo. El otro arquero no tuvo un buen arranque y me pusieron en la cuarta o quinta fecha.

Como te digo, fue inesperado porque todo se dio bien, logramos unos resultados bastante seguidos y eso afirmó mi comienzo, porque con resultados es más fácil. En el 2003 ascendimos y jugué un año en la A, después en 2005 me compró Danubio.

Esteban Conde en las butacas del Parque Central

“Desde que me acuerdo siempre me gustó ser arquero”. Foto: Esteban Solari

¿Qué cambios notaste de estar en Young a vivir en Montevideo?
Cuando vine me habían generado mucho miedo a la inseguridad de Montevideo. Yo crecí en Young, y obviamente en esa época era muy distinto en cuanto a seguridad. Pero fue más el miedo que me generaron de lo que realmente era, porque uno empieza a conocer y te vas dando cuenta que no es tan así.

Estuve por lo menos dos semanas sin salir a la calle (risas). Salía desde el club para el entrenamiento y nada más. Después con el correr de los días fui perdiendo ese miedo, pero sí, fue un cambio difícil.

¿Cómo te manejabas viviendo solo?
Desde el comienzo, cuando empecé a vivir en el club, nos daban el almuerzo y la cena. El desayuno y la merienda corrían por cuenta nuestra, así que cada vez que iba a Young me traía cajitas de comida, cosas que pudiera mantener en la heladera y con eso era suficiente. Incluso había pedido el pase para continuar quinto año de liceo acá.

Como no teníamos plata para el boleto, caminaba unas treinta cuadras todos los días para ir a estudiar y cuando volvía me iba al entrenamiento, pero se hizo muy cuesta arriba, sobre todo en invierno. Yo sabía que tenía que hacerlo, pero me la jugué. La realidad es que yo vine a Montevideo porque quería ser jugador de fútbol profesional. Hoy con las cosas más claras estoy pensando en terminar el liceo.

El arco es un puesto complicado porque hay menos margen de error que el resto de las posiciones, ¿qué es lo que te atrae de ser golero?
Desde que me acuerdo siempre me gustó ser arquero. Incluso en los partidos de campito armábamos nuestro equipo del barrio con mis hermanos y mis amigos, y elegíamos el puesto de cada uno. A mí siempre me elegían de arquero, y obviamente yo también lo elegía. Cuando sos chico vas experimentando hasta que te decidís, por ejemplo en Young jugué de 9 y de 5.

Tengo una anécdota de cuando estaba en la Primera de Rentistas y jugábamos contra Deportivo Maldonado. Como al club le costaba pagarle el pasaje a los gurises de la Tercera, completábamos el equipo con los suplementes de la Primera, así que el técnico me mandó a jugar de 9 para que corriera un poco porque no había hecho nada el día anterior. Resulta que entré a la cancha y a los 20 minutos hice un gol de cabeza en un tiro de esquina. Insólito. El técnico no lo podía creer, porque todo fue para completar el equipo y hasta para jugarme una broma. Terminamos ganando 1 a 0 con gol mío (risas).

También hay que aprender a convivir con el error, y lo ideal es reponerse lo más rápido posible, porque uno sabe que equivocarse se va a equivocar.

Pero en definitiva volvemos a lo mismo, siempre lo que me llamó fue ser arquero, más allá de la responsabilidad que bien decías vos, de la presión que hay por no equivocarse porque de lo contrario es gol. Más que llevar el margen de error al mínimo, que es lo que tratamos de hacer, también hay que aprender a convivir con el error, y lo ideal es reponerse lo más rápido posible, porque uno sabe que equivocarse se va a equivocar, lo que pasa es que quedás más en evidencia siendo arquero.

¿Cuál ha sido la más amarga que te ha tocado vivir estando en el arco?
Por repercusión y porque me costó entender esa prueba, fue jugando en “la U” (Universidad) de Chile, un remate de afuera, no te digo débil pero sí controlable, me patiné un poco y se me pasó la pelota entre las piernas. Si bien era la Copa Libertadores, no nos costó el partido ni mucho menos, pero mi imagen como arquero en Chile se vio manchada después de eso. Como que no me lo perdonaron, más allá que después tuve otros partidos buenos.

Hace poco tiempo me crucé con un chileno hincha de “la U” y lo primero que me mencionó fue ese gol. A mí me costó mucho entender porqué era tan duro. Como te decía lo de los errores, de ese me costó reponerme porque se veía marcado en cada conversación que tenía con los hinchas, pero con el tiempo entendí esa prueba y de qué se trataba, porque a pesar de que en su momento fue amarga me sirvió muchísimo para crecer. Todo suma, todo te hacer crecer incluso para este momento que vengo una vez más a jugar en un equipo grande.

¿Son de Nacional en tu familia?
Sí, todos de Nacional.

¿Y tu señora?
Siéndote honesto y porque lo siento de esa manera, ella se ha transformado en hincha del cuadro al que yo vaya. Fue hincha de Rentistas y de Danubio, pasó por todas las etapas y siempre ha sido fiel al equipo que estoy yo, porque ella no es muy futbolera que digamos.

¿Cómo vive ella tu carrera como futbolista?
En este momento ella está todavía en Rafaela (Argentina) armando la mudanza. Es fundamental cómo vive esa situación la pareja de un futbolista, porque muchas veces ellas se postergan, sobre todo cuando te vas a jugar afuera, porque dejan de lado sus estudios, sus trabajos, muchas cosas.

Yo encuentro que mi esposa es muy especial en ese sentido porque se adapta a todas las circunstancias. Su profesión es hacer masajes terapéuticos y estéticos, y estando tanto en Chile como en Rafaela se fue puliendo y haciendo cada vez más cursos. Antes de irnos a Chile ella tenía su consultorio y ahora que vamos a volver a Uruguay va a retomarlo pero ya mucho más especializada, o sea que no perdió el tiempo.

Esteban logró su sueño: defender el cuadro de sus amores. Foto: Esteban Solari

Es difícil encontrar eso, porque a nosotros nos llaman de un momento a otro para irte y no hay tiempo de que vos te acomodes, uno se va con la ropa que tiene puesta y las mujeres quedan armando todo. Es duro para ellas pero gracias a Dios mi esposa se adapta muy bien.

Tenés buena reputación atajando y pateando penales, además de eso, ¿cuáles crees que son tus otras fortalezas?
Hoy me considero un arquero más completo que cuando me fui de Uruguay. Crecí mucho a nivel técnico, sobre todo entendiendo cuáles gestos se utilizan en cada jugada, que a veces es difícil. Creo que he evolucionado bastante el dominio con los pies, hoy juegan mucho para atrás con el aquero porque se utiliza como una solución cuando están apretados los defensores.

También aprendí que la paciencia es muy buena para atajar porque a veces el arquero comete errores por desesperado. Los técnicos te lo dicen, por ejemplo, cuando un delantero viene emparejado con un defensor, no salgas a cortar la pelota porque se terminan chocando el defensor con el arquero y el delantero hace el gol.

A mí me pasó y le pasa a la mayoría de los arqueros, sobre todo cuando son jóvenes porque vos con el afán de ir a desactivar la jugada y te equivocás, todo por no tener paciencia, por no aguantar un segundo más. Aprendés de eso, y creo que son los años, porque la experiencia no es cuento, pasa en todos los ámbitos de la vida. Cuando vos ya tenés experiencia vivida después ya sabes cómo manejarte, pero siendo joven pensás que te las sabes todas y claro, recién con el tiempo entendés esas cosas. Así que yo creo que la paciencia es una gran virtud.

¿Tuviste algún momento en que cuestionaste tu carrera?
Sí, en Chile. Por eso te digo que en Chile fue el crecimiento más grande para mí, y fue la etapa en la que jugué menos. Es en las malas que más se aprende porque justamente me cuestioné en muchos sentidos, no sólo en lo profesional y estrictamente futbolístico, también en mi vida estaba con la cabeza para todos lados, porque me fui de Uruguay con un sueño de jugar en un cuadro muy grande de Chile, pero se dio todo al revés.

El primer año el técnico era (Gerardo) Pelusso y jugué bastante en la primera etapa, incluso en la Copa Libertadores porque el arquero titular estaba lesionado. Al año siguiente Pelusso se fue y vino (Jorge) Sampaoli. Faltando unos cinco días para arrancar el campeonato trae a otro arquero para ser titular. En ese momento yo me enojé mucho porque creía que si pretendía traer a otro arquero podría haberlo hecho antes.

Aprendí con el tiempo a convivir con eso, a valorar ese tipo de situaciones para crecer. Al no jugar tenía más tiempo para entrenar y me preparé con un entrenador de arqueros muy bueno, sobre todo trabajando la parte técnica. Siento que en ese momento logré canalizar toda esa bronca para prepararme para lo que venía. Después tuve otros cambios por madurez y fue ahí donde di el paso grande de mi vida en cuanto a lo deportivo y lo personal.

Ese fue tu punto de inflexión…
Sí, te menciono el tema de la edad porque siento que es ahí, antes de entrar a los 30, donde como jugador casi que definís qué va a ser de vos post 30, y todo me trae a este momento donde me toca una oportunidad increíble a los 32 años, casi que ni la esperaba pero sé que estoy preparado.

Yo elegí esta vida para mí, siempre me gustó entrenar duro, desde el primer momento que me preparé para venir a las pruebas de Danubio.

A veces está bueno invertir a futuro porque el físico cuando sos más joven va solo, no necesitás cuidarlo demasiado, o sea, lo ideal es cuidarlo siempre, de hecho los gurises se van con 20 años a Europa teniendo un físico privilegiado desde el primer momento, pero a veces pasa que cuesta entender que vos tenés que alimentarte bien y cuidarte siempre, hasta que llegás a pararte y analizar qué es lo que estás haciendo con tu vida y tu carrera, ahí es donde definís.

Yo necesito cuidarme a full porque ahora empiezan más dolores, el físico siente más el cansancio entonces uno arranca a informarse para llegar al punto de ser un profesional de lleno.

Eso te das cuenta con los años porque a un gurí chico le termina gustando salir a los bailes, cometiendo excesos con la alimentación, te juntás con amigos y tomás una cerveza, son detalles los que hacen al profesional, entonces para ser profesional de verdad tenés que entender determinadas cosas que las aprendés con el tiempo.

Con esto no digo que esté mal lo otro, cada uno elige, a veces siendo consciente y otras no. Yo elegí esta vida para mí, siempre me gustó entrenar duro, desde el primer momento que me preparé para venir a las pruebas de Danubio hice todo con Martín Lescano, quien fue mi preparador físico en Young. Él me llevó a los límites, físicamente hablando, me preparó como si fuera un temporada, incluso más dura que las que hacemos acá porque él entendía que yo tenía que prepararme de verdad para estar a la par de los jugadores de acá, y así fue.

Por eso te digo, hoy elijo esta vida para mí y la disfruto justamente a los 32 años sintiéndome en condiciones para jugar mucho tiempo más porque estoy con la edad justa para el arquero. Una oportunidad muy linda de estar en un equipo grande, participar en competencias de alto nivel, así que creo que es un premio a ese trabajo cuando no entraba a la cancha. Eso es lo que siento yo, todo lo que he vivido desde ese momento para acá.

Incluso estar en Rafaela ya ha sido un gran premio, cuando estaba en Chile yo comentaba con algún compañero que me encantaría jugar en el fútbol argentino y terminé yendo a ser suplente en Rafaela para cambiar un poco el aire de “la U” donde no jugaba y ni siquiera me convocaban por no usar un cupo extranjero.

Terminé disfrutándolo muchísimo, disfrutaba sólo el hecho de entrenar, cada situación fuera que jugara o no el fin de semana, llegué a ese punto de disfrutar cada cosa que hacía. Se fue dando todo solo, como que cuando uno se encarrila todo va sobre rieles, yo creo que es así.

¿Cómo es un día típico en tu vida?
Hoy no estamos instalados en un lugar todavía pero te voy a poner uno de los hacía en Rafaela. Por lo general yo arranco en la mañana, habitualmente a las 6:30, y practico meditación. Empecé haciendo eso estando en Chile, en las etapas complicadas que te decía. Tenía un compañero que practicaba la meditación y me llamaba la atención su forma de hablar y de ver las cosas, entonces le empecé a preguntar y leer sobre el tema.

Tenés mucha gente que está detrás tuyo alagándote o criticándote y uno empieza a entender que la esencia es otra cosa.

Después en Rafaela aprendí una meditación que se llama “Meditación de la Rosa” y es la que hago ahora. Personalmente pienso que es ideal para la vida del futbolista, porque están todos los vicios dándote vueltas y esto te ayuda a ver las cosas de otra manera.

Tenés mucha gente que está detrás tuyo alagándote o criticándote y uno empieza a entender que la esencia es otra cosa más allá de la crítica o las palabras que te endulzan el oído por tus buenos rendimientos. A veces es muy difícil para el jugador de fútbol mantener el equilibrio sobre esas cosas porque si te critican muchas veces uno se identifica con eso y termina tirándose al piso, y cuando te halagan te agrandás, entonces siempre estás al borde de caer para un lado o para el otro.

Lo más bravo es cuando te endulzan el ego, es bravísimo, porque te dicen tantas cosas lindas que vos ya te empezás a ver más lindo en el espejo y no es fácil porque después caes y te pegás un golpe bárbaro.

Hoy en día es lo que trato de hacerle entender a los más chicos, porque las caídas son duras y cuesta reponerse. Todo esto me ha ayudado un montón, tanto para lo profesional como para los problemas diarios. Los problemas los empezás a tomar como oportunidades de crecer, cada situación que uno juzga como mala es una prueba, y mantenerse en equilibrio es lo que creo que te hace sufrir menos en esos momentos.

¿En qué consiste esa meditación?
Posición sentado, respirar profundo, tranquilo, calmar la respiración y prestarle atención, o sea, atraer toda la atención al momento presente, esa es la esencia digamos. Siempre estamos pasando de pensamientos del pasado que te atormentan o pensando en el futuro, complicándote a ver si vas a lograr tal cosa, y es como que nunca prestamos atención al presente, que es lo único real, la cabeza te lleva para atrás y para adelante todo el tiempo.

De eso se trata la meditación, que vos estés más tiempo aquí, ahora, disfrutando lo que estás haciendo, disfrutando esta charla, disfrutando el momento que estás jugando a la pelota, disfrutar de tu familia cuando llegás a tu casa. Antes me pasaba de llegar como loco a mi casa después de un partido que perdimos y mi mujer se tenía que comer mi bronca, ahora todo eso ha cambiado.

En un momento me había creado el hábito de hacerlo a una hora fija pero llegó un punto que yo sentía que no me estaba haciendo el mismo efecto porque lo hacía obligado. Ahora lo hago cuando tengo ganas.

Uno tiene que limpiar las cargas que traemos día a día, uno piensa que no es así pero te quedan dando vueltas en la cabeza, y entonces vamos cargando cosas en una mochila cada vez más y más pesada, esto es como alivianar la mochila, que tu camino sea mucho más fluido y sin tantas piedras que uno mismo se va generando, es sacar esas piedras para el costado.

Continuando con tu rutina, ¿qué sigue después de la meditación?
Un desayuno deportivo que consiste en frutas, frutos secos como castañas de cajú, almendras y pasas de uva, también alguna tostada y leche de soja, que la tomo porque tengo entendido, por lo que me he informado, que la leche común que hemos tomado toda la vida, la de vaca, no es la mejor para el deportista.

Hay un nutricionista que conocí estando en Rafaela que me ayudó a armar un plan, él es muy reconocido a nivel mundial y da charlas en todo el mundo, se ha preparado con los mejores en Europa que trabajan con jugadores como Messi. Hoy está muy de moda el tema de la alimentación en el fútbol, le están dando bola de verdad.

Lo esencial es prestar atención a cómo te sentís después de comer, vas aprendiendo con el paso de los años qué es lo que te hace bien y lo que no. Incluso ahora quiero preguntarle al nutricionista sobre dejar la carne, porque sé que hay jugadores que son vegetarianos y siempre ha sido un tema tabú, pero a mí me gustaría probar.

El tema es que como me hace sentir bien y siento que tengo la energía suficiente para soportar cada día, a pesar de estar en pre-temporada donde el cansancio es fuerte llego bien a cada entrenamiento, entonces pedir más prueba que eso ya es auto boicotearse. Es tomar consciencia y nada más.

¿En qué momento del día entrenabas?
Allá entrenábamos de mañana y al mediodía, con este último entrenador habitualmente también comíamos en el club, seguido de alguna siesta porque al levantarme temprano la precisaba y después tenía otras actividades.

¿Como cuáles?
Siempre me apasionó mirar tenis, y en la última etapa en Chile me entró curiosidad por aprender y en Rafaela me desarrollé un poco más porque iba a clases con un profe y también jugaba con mis compañeros. Lo otro que hacía era ir a clases de guitarra, que me la había comprado en Chile pero la tenía de adorno.

De chico, a los 9 ó 10 años, fui a clases con una señora y hasta ahora me acordaba de algunas cosas, más de lo que yo pensaba, sobre todo los acordes. De a ratos cuando estoy en casa agarro la guitarra y me pongo a cantar. Mi señora es la que ya no me banca más (risas).

¿Qué tipo de música te gusta tocar?
De todo, pero por un tema de ideología me gusta mucho el “Pelado” Cordera, ahora con su nueva banda, La Caravana Mágica (post Bersuit Vergarabat). Si les prestás atención, las letras tienen un tinte muy espiritual, el loco metió un cambio medio parecido a lo que me pasó a mí, entonces me siento identificado y por eso la mayoría de las canciones que aprendí con el profe fueron de él.

También toco unas cuantas de No Te Va a Gustar, La Vela Puerca y algunas de Abel Pintos. No me siento un guitarrista fogonero, de reunirme con amigos a cantar todos juntos, para mí es más un momento de conectarme conmigo mismo.

¿Cómo festejaste tu pase a Nacional?
Justo estaba en Rafaela, en la casa de un amigo peloteando al tenis con Hugo, mi hermano mayor, y me llama el representante diciendo que ya estaba todo confirmado. Por una cuestión mía quería decirle primero a mi esposa, que sea la primera en saber.

“La paciencia es una gran virtud”. Foto: Esteban Solari

En el viaje a casa, que eran unos 15 minutos, tenía una presión en el pecho porque estaba aguantando toda mi felicidad. Cuando llegué estaba mi señora con una amiga y lo primero que veo es la tele con VTV dando la noticia “Conde confirmado a Nacional”.

Ahí arrancó todo, mi hermano se había dado cuenta antes de tiempo, no sé si yo venía llorisqueando en el camino o qué, me abracé con él y ese fue el primer llanto de alegría. Fue realmente emotivo e inesperado, todo se dio muy rápido porque fue en cuestión de días desde que Sebastián Viera se baja de la posibilidad de volver y Nacional decide ir por mí.

Todavía faltaba reunirse con la gente de Rafaela porque aún tenía contrato por seis meses más, entonces había que rescindirlo. Esa reunión era importante porque si ellos querían complicar las cosas podían hacerlo con toda la razón del mundo. En propias palabras del Presidente de Rafaela fue por mi profesionalismo, por el tiempo que llevaba en el club y por el don de persona.

Todo esto me lo remarcó, ellos facilitaron todo el proceso y fue genial, otro premio de la vida. Sobre todo porque uno siempre trata de manejarse de la misma manera como persona, ser honesto te lleva a este tipo de situaciones.

En los negocios del fútbol es quién saca más ventaja, y el loco dejó de lado todo para agilizarme el trámite. La despedida fue un momento duro, porque en tres años generás un vínculo muy fuerte, lo que te decía hoy de Rentistas era lo mismo en Rafaela, un equipo chico de Argentina, una ciudad en el interior del interior de Santa Fé, está la idiosincrasia de pueblo donde conocés a todos y te hacés querer por la gente.

Mi suegro es fanático de Nacional así que imaginate cómo fue que confirmara la noticia.

Fue complicado, costó unos cuantos llantos, que de repente hasta venían guardados porque uno va acumulando y le cuesta llorar, ¡qué manera de llorar, por favor! Voy a empezar de nuevo (risas).

Después pasé por Paysandú a saludar a mis suegros. Mi suegro es fanático de Nacional así que imaginate cómo fue que confirmara la noticia. De ahí fui a Young para quedarme dos días porque justo coincide que era un viernes y recién el lunes tenía que firmar, hacer la presentación y empezar a entrenar, así que me quedé el fin de semana disfrutando con mi gente, obviamente muy emotivo porque son todos de Nacional, incluso mi abuelo, que ya no está, era hincha rabioso, eso se lo transmitió a mi madre y ella a nosotros. Por ahí con el hecho de ser profesional uno va dejando al costado el lado hincha, pero ahora vuelve a resurgir.

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