Edgardo Tiqui Santos

Una historia de película

Siempre a las risas, algo que caracteriza a Tiqui es el buen humor: le hace chistes a cuanto amigo, conocido o desconocido se le cruza en el camino.

Casi como tomada de una película es la historia de quien todos conocen como “Tiqui”. Nace en Young el 23 de octubre de 1991, parte de su infancia transcurre aquí y en Nuevo Berlín junto a su familia. Es el hermano del medio de tres varones, Guillermo y Agustín, el trío concebido por Aida “Yenny” Ferreira Da Silva y Eduardo “Lalo” Santos.

Cuando tenía 12 años, un amigo pierde a su padre a causa del cáncer, uno de los primeros indicios que tuvo en su vida de lo que vendría más tarde a su familia. El dolor de la pérdida y la interrogante de todo niño lo inquieta: ¿por qué? Apenas un tiempo después su mamá descubre un bulto en su seno, el cabello comienza a caerse.

Toma riendas en el asunto y se realiza estudios, el resultado la llevó a pasar los próximos dos meses en Montevideo en tratamiento contra el cáncer. A eso le siguieron siete años de lucha incesante.

En medio de este episodio familiar, Tiqui también se da cuenta que algo no anda bien. Comienza a ver doble y le duele mucho la cabeza. Luego de un examen oftalmológico es derivado a Montevideo urgente. Había un tumor alojado en el cerebro, en una zona muy delicada donde una cirugía tenía tantos riesgos que hizo dudar hasta el mejor de los médicos.

En muy poco tiempo, Tiqui ingresa en la Fundación Peluffo Giguens, que actualmente funciona como la Fundación Pérez Scremini; “un mundo aparte”, según sus propias palabras. Un lugar preparado con tanta dedicación y voluntad que es digna de los mejores aplausos.

Los médicos son cómplices de los niños, las enfermeras usan disfraces, hay globos, color y sonrisas por doquier. Muy lejos de poder imaginarnos ese mundo aparte, la vocación de servicio emana libremente allí y hace más llevadera la lucha de tantos niños y también de su familia.

Tiqui recuerda estar en una sala con tres chicos, sabe sus nombres y al hablar de ellos se queda una cicatriz que, al igual que su gratitud hacia todos los médicos que lo acompañaron, quedará de por vida. Le siguen cuatro sesiones de quimioterapia y 45 sesiones de radioterapia, de las cuales 30 fueron realizadas en la cabeza y otras 15 en la columna.

Cada paso en el tratamiento lo debilita, pero sigue mirando el futuro. Los controles periódicos que se van extendiendo a lo largo del tiempo lo ayudan a recuperarse.

Continúa sus estudios en secundaria y sus amistades le rodean con gran admiración. Durante todo ese tiempo en que madre e hijo estaban internados simultáneamente, mucha gente colaboró de diferentes formas con la familia.

Les prestaron un apartamento, recaudaron dinero para los gastos y el padre de familia conservó su trabajo, cuyo jefe además no le permitía ni pagar las facturas de luz o agua:

No sabés cómo nos ayudó la gente, es increíble, nosotros quedamos asombrados.

Algo que caracteriza a Tiqui es el buen humor: le hace chistes a cuanto amigo, conocido o desconocido se le cruza en el camino. A las risas siempre, con un mensaje de ánimo como si fuera a contramano del vivir diario. Ese es Tiqui.

Pocas veces se ha permitido mostrar su otra faceta, pero la angustia también lo ha invadido.

La pérdida de su madre ha marcado totalmente su vida. “Yenny” le hizo frente al cáncer durante muchos años, su gran meta era forjar hijos fuertes y enseñarles a ser siempre buena gente.

Tiqui compartió con ella, prácticamente a solas, su último mes: “Fue muy difícil, pero me deja una tranquilidad inmensa haberla acompañado.” Es que su madre era también su confidente: “Cuando perdí a mamá, perdí también a mi mejor amiga.”

Es muy complejo poder explicar con palabras la emoción de Tiqui al hablar de su madre, recordar anécdotas, memorar lo fantástico vivido a su lado y la fortaleza que le dejó para afrontar lo que viniera.

Tiqui Santos en la Virgen del Camino

Con su partida, cuatro hombres deben tomar fuerzas y seguir el camino. Lalo, Guille, Agustín y Tiqui a brazo partido, aún a pesar de las diferencias, porque los une el lazo sanguíneo y una mujer que nunca estará lejos.

Tiqui termina secundaria y comienza sus estudios en Paysandú, donde se recibe de Analista en Marketing. Siempre le rodean muchos amigos, que siempre se alegran con él y más aún, aquel 20 de febrero del 2014 que le anuncian el alta de su enfermedad.

La felicidad es contagiosa y hasta frena a la gente en la calle para contarles. Lo abrazan, lo felicitan y comparten su alegría, ¿quién no lo haría con semejante noticia?

Otro cuesta arriba

Pero como los personajes de las películas, a los que les sucede una y otra situación, Tiqui tenía que seguir a los tropezones.

A menos de 48 horas de haber logrado el alta médico de su enfermedad, mientras esperaba que el semáforo cambie a rojo, otros dos jóvenes manejando una moto a alta velocidad impactaron contra él.

Lo último que Tiqui recuerda es el cambio de luz indicando que podía cruzar.

Siete días después del accidente, despierta en Montevideo sin sentir una pierna, quebrado, dolorido y asustado. Su hermano Guille le explica, de la forma que puede, que tuvo un accidente y la primera pregunta de Tiqui fue: “¿Cómo están los otros chiquilines?” Ese también es Tiqui, considerado con los demás, hasta en los peores momentos.

Mientras una ciudad entera se debatía entre discusiones y juicios, dos chicos peleaban por seguir viviendo.

Muy lentamente, pero de manera constante, Tiqui se recupera. Los médicos le dijeron que por un año no iba a poder caminar, pero en seis meses andaba en la calle con su bastón haciendo bromas. Aún estando internado y con dificultad para hablar, se le escapaban algunos chistes.

Tiqui Santos, miembro de los Scouts de Young

Hoy podemos verlo trabajando con total normalidad, integra el Grupo Scout Sagrado Corazón de Jesús como uno de sus líderes donde allí encontró un maravilloso lugar para inspirar las ganas de vivir.

Hay Tiqui para rato

Recientemente, Andrea Bertullo, integrante del Grupo Scout, siente la necesidad de contactar con la Fundación Pérez Scremini, quienes brindan tratamiento, atención e investigación médica a todos los niños y adolescentes con cáncer en Uruguay.

Ese contacto lo brinda Tiqui y luego de presentar una propuesta, las autoridades de la Fundación aprueban esa iniciativa para empezar a recaudar fondos desde el interior del país.

Dados los recientes casos de niños enfermos en Young, es urgente la necesidad de hacer algo por ellos para dar una mano. Tiqui y Andrea son los representantes de la fundación en nuestra ciudad y ya comenzaron a realizar beneficios y una campaña de socios colaboradores.

Desde aquí animamos a nuestros lectores y a toda la ciudad a brindar su aporte.

Tiqui nos cuenta de primera mano: “El Ministerio cubre el pasaje del niño que debe viajar desde el interior a Montevideo para sus consultas, análisis y tratamiento y medio pasaje para un acompañante, pero a veces aunque parezca mentira, se puede no tener la otra mitad del pasaje y ¿qué haces? ¿No vas? ¿Dejás sin tratamiento al niño? ¿Te endeudás?”

Es muy común que la economía del hogar se vea seriamente afectada ante situaciones como ésta y tantas más que afrontan a diario. Sólo a quien le toca vivirlo sabe cómo es.

Con todo esto a cuesta, pero sin pesarle sino felizmente orgulloso de tener la fuerza y salud para hacerlo, se levanta cada día y no pasa de la cama al baño sin antes agradecer por haberse despertado. “Un buen ejercicio”, le dije, y sonrió.

Sus sueños le llevarán lejos, su meta para el 2016 es comenzar una carrera en el Instituto Escuela Nacional de Bellas Artes.

Recuerda que en una sesión, en medio de su recuperación, le preguntaron “¿Cuál es tu sueño?”, y respondió: “Ver un teatro lleno de gente matándose de risa, eso quiero.” Ahí nomás comienza a gestarse su meta, ya tiene organizado dónde quedarse y cuánto tiempo necesita para habituarse y trabajar.

Tiqui Santos bromeando

Tantas veces buscamos ejemplos, líderes, grandes luchadores de la vida con una historia que conmueva, que nos despierte la curiosidad de saber cómo sería todo si cambiáramos la actitud negativa por una sonrisa, esa que Tiqui sabe sacar con tanta facilidad.

Esta nota fue hecha un sábado de noche, que duró hasta la madrugada, con una cena compartida, bien entre casa, diríamos, pero son esos momentos que te obligan a reflexionar antes de ir a dormir.

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