Dra. Marta Núñez

Redescubriendo una profesión

La historia de una doctora que recuperó su motivación para volver a estudiar y ejercer su profesión en un área que encaja perfectamente con su personalidad.

Llena de luchas y altibajos, pero de gran descubrimiento personal y superación, con un gran sentido de empatía cuando se trata de carreras profesionales truncadas, por haberlo vivido de cierta forma, pero logrando superar obstáculos con pasión por lo que anhela.

Marta estudia y ama el estudio desde que tiene uso de razón. Tal es así que, con tan sólo dos años de edad, es invitada por parte del Jardín 70 a asistir, cuando recién se inauguraba. Cursó dos veces el inicial de tres años, la primera vez como invitada y la segunda vez de forma oficial.

Terminado el Jardín, concurre a la Escuela Nº 17 Domingo de Arce, esos seis años en los que, según sus palabras, deseó ir cada año de su vida. El despegue le costó muchísimo. Sigue sus estudios en el Liceo Nº 1 Mario W. Long, y cuenta que era un lugar muy gratificante y grato para ella. En ese periodo, Marta, como la mayoría de nosotros, debe decidir qué carrera seguir.

Cuando empezaba a creer que las Ciencias de la Comunicación era lo suyo, por la forma tan apropiada que tenía al comunicarse y la fluidez que nacía en sus palabras, la vida decide darle una segunda oportunidad para pensarlo. Desde muy pequeña ha tenido que hacer un esfuerzo mayor para mantenerse en un peso saludable, ya que su tamaño era superior al tamaño medio de la población, lo que hoy llamarían sobrepeso.

De esta forma, incursiona en deportes y ejercicio, el que está marcado en las instituciones y también de forma particular. Cuando estaba en la mejor etapa, con 16 años y mucha motivación, se quebró, y no fue una quebradura sencilla, sino expuesta. Por primera vez llega a la emergencia del hospital. Sí, esa fue su “primera visita”. Allí conoce el ámbito hospitalario y nace su curiosidad por la medicina.

Dra. Marta Núñez en su consultorio

¿Cómo fue tu primer contacto con el hospital?
Fue una fractura expuesta muy fea. Enseguida me tuvieron que dar anestesia general, en ese momento el Dr. Cresci, además de ser el padre de una amiga y una persona que siempre estuvo ahí, pasó a ser un referente para mí. Ahora uno sabe que es bueno tener referentes cuando es adolescente.

De un día para el otro, me enamoré de la idea de proyectar mi vida en la medicina.

Otro referente fue el Dr. Maquieira, que también estaba iniciando su trabajo en Young. Después, me enamoré de todo el entorno hospitalario. Yo creo que para tomar decisiones que cambian el rumbo de la vida tiene que enamorarse de las cosas, para poder llegar a concretarlas y hacerlas. De un día para el otro, me enamoré de la idea de proyectar mi vida en la medicina.

Fue como una visión que tuve en ese momento con 16 años. Uno ahora capaz que entiende mejor el por qué, porque es el momento en que el ser humano se proyecta más, tiene más vuelo, no tiene tanto miedo a las decisiones, no las pasa tanto por el cerebro, sino más por las emociones. Y fue una cuestión de amor a primera vista con el hospital, y quedó para siempre.

Muchos médicos, al tener que irse de la ciudad a estudiar, suelen quedarse en la capital. En tu caso, volviste.
Sí, como te decía, el flash fue en el hospital y el ambiente hospitalario de Young, y ahí todavía me faltaban dos años para terminar el liceo. Terminé y al irme fue con bastantes dificultades, porque en aquella época no existía la comunicación que hay hoy en día y despegarse de la familia por nueve años, fue muy duro. Un montón de dificultades que tienen que ver con lo económico también.

Y ya te digo, fue como una locura poco razonada, pero fui y empecé. Es una carrera difícil, en la cual tenés que estudiar mucho, leer, sobre todo. Siempre me gustó leer, hasta el día de hoy. El hecho de hacer medicina me condiciona a leer otras cosas porque me lleva mucho tiempo todos los días. Con cada paciente que llega con algo diferente, uno nunca termina de aprender. Es una carrera que permanentemente te está desafiando a leer y aprender nuevas cosas.

Hice los primeros tres años y me costaba mucho por el desarraigo y por lo económico también. Tuve momentos de mucha angustia y soledad, y como ya tenía 22 años, ya no era como en la adolescencia. Empecé a razonar las cosas, vi lo difícil que era estar en Montevideo y me volví a Young, pensando que no iba a volver a estudiar medicina. Dejé allá mi túnica, regalé mis libros y volví con mucha tristeza, como pasan con muchos jóvenes que no pueden terminar por diferentes razones. Por eso los entiendo y apoyo tanto. Me duele cuando, por ejemplo, hablan de alguien que no pudo terminar de estudiar, porque lo vivencié de alguna forma. Estaba muy triste por haber dejado mi carrera y mi proyecto de vida.

En ese momento, estaba trabajando el Dr. Aguilar en la policlínica MEVIR, y él fue el único médico, podría decirse, que hizo trabajo de medicina familiar. Yo ejerzo medicina general y actúo en ese rótulo. Pero hay una rama de la medicina general que va un poco más allá, que es la medicina social, comunitaria y familiar. Y que es lo que yo vi que el Dr. Aguilar hacía. Yo supongo que a él le habrán contado que yo había dejado de estudiar y que no estaba bien, y me invitó a ir a la policlínica. Lo acompañaba a hacer esas visitas domiciliarias, a esas visitas de MEVIR o el barrio, en las cuales él veía a las familias.

Dra. Marta Núñez visitando un paciente

Lo que me había pasado justamente es que, en los tres años en medicina, que es tanta teoría, me había sacado aquel enamoramiento del primer momento, y no lo vinculaba con mi personalidad, porque lo mío es la comunicación, el estar en contacto. Uno cuando va remándola contra tantas dificultades, el sentirse motivado es fundamental, sino es imposible seguir.

Ahí empecé a entender que había otra forma de hacer la medicina, de ejercerla, que no tenía necesariamente que ver con aquello teórico y hospitalario, sino que existía en el mundo toda una corriente nueva de la que hay mucha bibliografía, mucha información y tiene que ver con la medicina social.

Uno cuando va remándola contra tantas dificultades, el sentirse motivado es fundamental, sino es imposible seguir.

La medicina social iría enfocada a todo lo que tiene que ver con lo familiar, comunitario y a otro concepto del ser humano, abordado más desde el punto de vista de que quien se enferma, se enferma en un contexto.

Se enferma en una familia, en un trabajo, en determinadas cuestiones. Cuando vemos un paciente que tiene un pico de estrés, un estrés agudo, se enfermó porque determinadas situaciones de su familia, de su trabajo o de su entorno no estaban bien, y si nosotros no tenemos en cuenta todo su contexto, no vamos a el sufrimiento que tiene esa persona.

¿Cómo interviene el médico en esta forma de medicina social?
El médico interviene a largo plazo, en lo que nosotros llamamos longitudinalidad de la atención, una atención que conozca la persona desde mucho tiempo. Te imaginarás que eso no es fácil, implica que tenga una permanencia en el lugar. Es más, cuando nació la medicina de familia, allá por los años 60, se hacía que el médico se radicara en el barrio donde ejercía para que pudiera conocer el entorno.

Entonces esa motivación hizo que yo encontrara toda la energía para volver a estudiar, por eso soy eternamente agradecida al Dr. Aguilar. La vida, como dicen, da círculos. Yo pude irme a estudiar con esa motivación, con esa energía que llevaba. No me paraba nada, de hecho, nada me detuvo y volví a MEVIR.

Yo creo que hay lugares en la vida de las personas que son motores, que está como la energía de uno, donde encontrás el camino de las cosas. Yo ahí encontré un camino, que si bien dicen que la adolescencia es una etapa difícil, cuando uno está comenzando a ser adulto también es difícil, porque ya no es el adolescente rebelde, sino que ahí tiene que ser todo pesado, balanceado, y proyectarse a ser adulto y hacerlo bien o lo mejor posible.

No es sencillo. Justo cuando se jubila el Dr. Aguilar en diciembre de 2006, yo ya estaba pronta para empezar a trabajar. Nadie sabe, o muy poca gente sabe de esta historia, porque no es una historia que yo cuente habitualmente.

Cuando llegué, el panorama fue bastante desolador, porque fue la última etapa del Dr. Aguilar, donde él ya estaba enfermo, entonces la actividad de la policlínica había caído mucho. No había un proyecto de centro. Hoy en día es una policlínica con 10 años por la que atraviesan 2000 personas por año y abarca mucho más de lo que es el barrio MEVIR. Se extiende hasta la zona de Ruta 3, Wilson Ferreira Aldunate y los barrios La Gruta y La Loma. En 10 años el entorno creció muchísimo.

Dra. Marta Núñez atendiendo en la policlínica de Young

¿Qué tipo de atención se les brinda a los usuarios de la policlínica?
Como policlínica hoy tenemos servicio de medicina general, medicina de familia, de ginecólogo, psicólogo, psiquiatría infantil, odontólogo y parteras. Hoy en día se puede hacer todo el control de embarazo y prevención, salud sexual y reproductiva.

En cuanto a la mujer en medicina familiar, se trabaja no sólo en lo que tiene que ver con consultas de enfermedades, sino también se trabaja en cada programa que tiene el Ministerio, ya sea los programas de violencia doméstica, programas de salud mental, etc.

En cuanto al adulto, hay pautas específicas según la edad. Eso dentro de un entorno amigable, no es que solamente nos manejemos por los protocolos. En adultos jóvenes se trabaja mucho sobre la prevención de enfermedades, de patologías crónicas, que es la principal causa de enfermedades del Uruguay y las que más podemos combatir desde joven. Por eso hemos incluido dentro del carné de salud, por ejemplo, el control de colesterol y glicemia, además de la ya sabida mamografía y Papanicolaou para las mujeres e hipertensión, porque con eso englobamos un conjunto de cuestiones que hacen a la prevención de salud a futuro.

En cuanto a los adolescentes, también se realiza la tarea del carné del adolescente, que ahí ya está pactado por el Ministerio todo lo que se debe investigar en cuanto a la vida del adolescente, que tiene mucho que ver con su vida social, afectiva, familiar, que es tan importante como la parte física.

Fuera de la policlínica trabajamos este año especialmente en la prevención del suicidio, trabajando con los liceos, ya que es la principal causa de muerte en esa edad en el Uruguay. Es un problema que no está tan difundido porque hay leyes para no difundir tanto el tema, si bien según los últimos datos en Río Negro han mejorado las cifras, cosa que tiene que ver con campañas y algunas cuestiones que se están haciendo.

Pero a nivel nacional, las principales causas de muertes en adolescentes tienen que ver con muertes violentas, suicidios y accidentes de tránsito. Nosotros controlamos todo el embarazo, se controla al niño todos los años, se exige control, cosa que en mi época no había.

Ahora los chiquilines van naturalmente y, sin embargo, llegan a la adolescencia con toda esa movida en la cabeza, y que la principal causa de muerte en los chiquilines sean causas externas nos preocupa, porque todo lo que hacemos en el sistema y que hacen los padres, la comunidad, el Estado, los médicos, y de repente perdemos vidas jóvenes en causas evitables, en causas externas.

Por eso generalmente cuando salimos a trabajar, nuestro número de recursos humanos es reducido, pero cuando tenemos que enfocar algo, tratamos de enfocar siempre en prevención en primera y segunda infancia y adolescencia, que es el futuro del país.

¿Cómo es tu rutina diaria?
Yo soy mamá full time, entonces a las siete nos levantamos y preparamos las cosas para empezar la semana. Sábados y domingos, después de muchos años que hice guardias, están dedicados a la familia. Llevo a mi hijo al colegio y yo me voy para Paso de la Cruz y Mellizos, que son dos poblaciones que concurro hace poco más de un año, por elección, porque hoy en día tengo la suerte de ir eligiendo las cosas que me gustan y ya no hago más guardias, que de hecho es muy cansador.

Es admirable los compañeros que están 24 horas en las guardias, todo el tiempo, y muchas veces con la falta de apoyo. En contra posición, yo hice durante siete años la guardia de los lunes, que era tremenda, llegué a ver 130 pacientes en un día, desde gripes hasta accidentes graves, pasando por todo lo demás. Y es realmente agotador porque uno tiene un contacto demasiado fugaz con el paciente.

La guardia es rápida, es muy opuesto a lo que a mí me gusta. Yo empiezo una semana muy feliz porque salgo para la zona rural. He descubierto en los últimos años que me fascina. Allá vamos primero a la policlínica de Mellizos, y siempre hay bastante consulta.

Como en una policlínica de acá, allá también se hace la medicina de familia, se ven más problemáticas que tienen que ver con problemas familiares y sociales, sobre todo muchas mujeres jóvenes, madres solas, con sus esposos, si los tienen, trabajando en la zona rural, solas durante toda la semana o totalmente. Lo que ya de por sí genera mucha problemática.

Después en Paso de la Cruz, que es una población un poco diferente porque está más en contacto con Young, pero que también sufren ese aislamiento por los caminos en mal estado, mala frecuencia de ómnibus, etc. La visita del médico es como el día en que hay un acontecimiento. He ido días de esos de alerta naranja que pensás que no va a haber nadie, pero todas llevan a control a sus hijos.

¿Qué mensaje te gustaría transmitir?
Pienso en diferentes edades, tengo muchos pacientes adultos mayores, de 80 o 90 años, que son ejemplos de vida porque permanentemente siguen apostando a que van a seguir intentando vivir mejor. Y a veces veo jóvenes que no tienen esa energía vital, y yo pienso que cada día que nos da la vida es una oportunidad para construirnos nosotros mismos, para dejar una semillita más.

Pienso que cada día que nos da la vida es una oportunidad para construirnos nosotros mismos, para dejar una semillita más.

Entonces capaz que el mensaje es justamente apostar a la familia. Que tengamos claro que cuando estamos criando niños y adolescentes tenemos una responsabilidad muy grande: transmitirles la seguridad y la protección que necesitan para desarrollarse como adultos sanos y puedan dejar su propia semilla.

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