Majo Medina

Emprendedora de acá a la China

Majo es una joven younguense con menos de 30 años y mucha historia por contar. La que nos comparte hoy empieza en Young y termina, literalmente, en China.

Parece gracioso decirlo de esta forma, pero es un reflejo de lo pintoresca y llena de alegría que es su trayectoria. Su inicio como estudiante fue en su querida Escuela 52, luego en el Liceo 1. Cuando tuvo que decidir, en aquel momento tan especial y cargado de expectativas que es la adolescencia, dejó de lado el sueño que tenía de ser maestra para entrar en el mundo del diseño.

En Montevideo visitó varias Universidades, hasta que en una charla una diseñadora contó acerca de su experiencia estudiando la cultura japonesa, y que se encontraba diseñando manteles y artículos de cocina. En ese momento, se encendió una chispa.

Rápidamente buscó un lugar dónde quedarse en la capital: “Por suerte me tocó con dos amigas, eso fue muy bueno porque para todas era la primera vez”, cuenta.

Majo Medina

Son indescriptibles las risas de Majo y los ojos como cristal, recordando aquellos momentos que la han forjado a vivir sin límites.

Le llevó cuatro años y medio recibir de la ORT el título de Licenciada en Diseño de Modas. Y de ahí… De ahí a la realidad. “Fue un shock, porque uno sale de ahí pensando que vas a dibujar para una pasarela, y el mundo real es otra cosa. Necesitamos vivir, comprar cosas, entonces no es pasarela.”

“Te dicen: ‘Ay, sos diseñadora, que genial, ¡te hacés la ropa!’ No, esas cosas no pasan. Bueno, quizás al principio, tenés un periodo en que te hacés la ropa, te comprás tu máquina de coser y sos la fenómeno del barrio haciéndote la ropa.”

“Me pasó que quería desarrollar más esa parte, porque dibujar es una cosa, pero pasarlo a la realidad es otra. Entonces decidí estudiar un año en UTU, donde hice exclusivamente patronaje, o sea, ahí era todo moldes, coser y prenda real, corte y confección. Eso te ayuda mucho más a visualizar para traer a la realidad.”

“Es cuando empezás a conocer que no todas las telas hacen maravillas, que no todas se pueden estampar, que algunas reaccionan de una manera y otras no.”

“La carrera siempre fue muy práctica, pero te doy un ejemplo: vos podés elegir otra carrera y cuando tenés un examen hasta te podés saltear algunos temas porque no te da el tiempo, pero vas al examen igual. En diseño eso no pasa, no podés entregar una camisa sin una manga porque ya estás bochada de una. Fue un trabajo intenso.”

Majo Medina trabajando

“Puedo decir que cada entrega era rigurosa y fueron noches sin dormir, siempre con compañeras y mate, hasta el último momento de entregar. Subir esos cuatro pisos de la Universidad, que eran sin ascensor, con una caja en mano y decir ‘bueno, listo, acá está todo mi esfuerzo de estas últimas dos semanas’.”

Volvía loca a mi madre y mis amigas siendo mis modelos. Siempre he contado con el apoyo de todas ellas.

“Más de una vez dependí de un viaje a Young para terminar una prenda, era venirme y traerme cosas para coser, hasta mamá me terminaba ayudando.” Después de ese período, la etapa laboral comienza, y a partir de ese momento se empezarían a abrir puertas que ni en sus sueños lo hubiera creído.

“Mi primer trabajo fue en una empresa de tejido de punto. Básicamente diseñaba chacares, son como los dibujos en el tejido de punto. A su vez esa fabrica lavaba eso y quedaban prendas de lana lavada, entonces le das otras terminaciones. Había clientes importantes dentro de Montevideo.”

“Fueron ocho meses intensos porque luego fue pasar de dibujar a trabajar en una fabrica, con tiempos establecidos. Había 30 personas más que iban desde los 40 hasta los 60 años, entonces era todo nuevo para mí. Después empecé a trabajar en una trading, generalmente son empresas que están en Montevideo y que tienen clientes extranjeros, entonces se dedican a un seguimiento de productos para esos clientes y todo lo que realizan es fabricado en Oriente. Ahí fue mi primer contacto con China.”

“En 2010 viajé hasta allá y estuve un mes y medio, mi primer viaje a China y mi primera Navidad allá. Igual te digo que me hubiera quedado más, no me quería venir, volví fascinada, probé todo lo que tenía que probar en cuanto a comida, en cuanto a visitas… Fue fabuloso. Me vine con cuatro kilos más, pero probé desde una rana hasta el arroz, todo. En esa empresa estuve dos años.”

Fue fabuloso. Me vine con cuatro kilos más, pero probé desde el arroz hasta una rana.

“Viajaba a China dos o tres veces y me quedaba por un mes, hasta que llegó el momento de hacer otra cosa, probar otro lugar. Así que empecé a trabajar en esta empresa que estoy actualmente. Entré y a las dos semanas la jefa de diseño me dijo: ‘me voy de viaje ocho meses, te haces cargo’. ¡Imaginate! Y de ahí a conocerme con mis jefes, con los otros chicos que ya estaban desde antes que yo, y empezar a dirigir el grupo.”

“Por momentos no sabía qué hacer y me lo inventaba, porque nuestro trabajo también dependía de la expedición, el precio y todo eso. Ahí me di cuenta que hay que ser práctico, que tenés que resolver, porque si esperás, morís. Sin dudas que hay momentos en que hay que chequear cosas con otro, pero esperar una confirmación… Tuve que aprender a darle a cada cosa la importancia que merece. Me ha ido bien resolviendo situaciones, hasta con mis propios compañeros, así se forman lazos de confianza.”

Majo Medina con maniquí

En uno de esos tantos viajes para esta empresa, sucedió algo que nuevamente le abriría la posibilidad de demostrar sus habilidades. La persona con quien trabajaban en China sufrió un quebranto de salud, así que con lo poco que hablaba en chino, algo de señas e inglés, se hizo cargo de la situación.

Antes de llegar de ese vuelo, dado su buen desempeño, su jefe le sugiere que se radique allá, para resolver estas situaciones y no lo dudó ni un segundo, a pesar de ser consciente del hecho de que no vendría tan seguido y tener que acostumbrarse a otro lugar y otro ritmo de vida.

“Allá básicamente lo que hacemos es llevar la colección. Viajo al menos dos veces al año a Europa: Barcelona, Madrid o París. Me quedo tres o cuatro días, veo un poco lo que es tendencia, la nueva colección, y de ahí a China de nuevo.”

“Me reúno con las fabricas, les muestro los nuevos modelos, discutimos precios, telas, botones, etiquetas, todos los detalles que lleva la prenda, ahí definimos, empezamos a chequear, hasta que quede el producto final y de ahí traerlo a Uruguay.”

Su visión sobre la población china

“Ellos no te dejan de sorprender nunca, desde el descubrimiento más grande que puedan hacer o desde la tecnología más imponente que puedan tener, las luces que le puedan poner a la ciudad, hasta ver a alguien en el metro y pensás: ‘¡Nadie pudo salir tan mal vestido como vos hoy!’ Pero al otro día hay un chino que lo reemplaza, o sea, en todo te sorprenden, son maravillosos.”

“Te peleás con ellos, hay veces que los querés matar porque no tienen sentido común. Para ellos, si es verde, es verde, no hay intermedios, les querés explicar algo y les decís ¿te acordás cómo? No, ellos lo tienen que ver, lo tienen que tocar, son estructurados, son cuadrados, lo que ven es lo que hay. Si no lo ven, no hay nada.”

“Con ellos el día a día es llevadero, los querés matar, pero también te hacen reír mucho. También esa satisfacción de que siempre te están esperando, siempre te están siguiendo o te ven extranjero y te miran, son muy atentos, muy serviciales.”

“Nosotros les resultamos extraños, las mujeres se te acercan y te dicen ‘que grandes ojos tenés!’, o te tocan los pelos del brazo porque ellos no tienen, entonces sos un bicho extraño.”

“Tengo esa imagen, de que ellos son muy amables. Me ha pasado con un taxista, por ejemplo, que te saque una palabra en inglés y festeja, o te hace repetir una palabra en chino y siempre intentan agasajarte, adularte. Con tener un poquito de atención ya son felices, son unos personajes importantes.”

Ya radicada en la ciudad de Guangzhou o Cantón, al sur de China, a una hora de Hong Kong en tren, ella también, al igual que cualquier extranjero, suele ser una rareza tal como nos ha contado. Pero tanta distancia suele afectar. Sin embargo, ha conseguido sentirse muy cerca a través de la tecnología.

“Gracias a Dios existe el Skype. Los primeros años que me iba de viaje no lo conocíamos mucho, pero ahora se hace más llevadero.”

Hay veces que me gustaría poder teletransportarme para estar con mi familia en la mesa de los domingos.

“Cada tanto tengo esos encuentros maravillosos al venir. A veces las distancias son distancias en kilómetros, porque hablo con mis amigas y parece que las vi ayer, entonces eso creo que es lo que te mantiene bien todo el tiempo. Y me pasa que siento que es mi casa el estar allá.”

“No te voy a decir que fue fácil, porque al principio mis salidas eran al supermercado en el cual me pasaba tres horas, y ver películas. Fueron dos meses de estar sola. Charlar con alguien en tu mismo idioma era lo mejor que te podía pasar.”

“Considero que en eso los uruguayos somos bastante conservadores y que no nos damos cuenta de lo importante que es salir. Y está bien, nos sentimos cómodos, no nos falta nada.”

Todos nos creemos el mejor paisito y sin duda lo es, pero hay muchas experiencias afuera por descubrir que son fabulosas.

“Tiempo para irte y para hacer cosas hay siempre, hay que animarse, y cuando estás ahí y ves a otras personas que ya dieron ese paso que para los europeos es tan normal, es como que estás en competencia y decís ‘¡cómo me lo perdí!’ o ‘¡mirá a donde tengo que llegar!’, y es como que tenés metas personales para ser cada vez mejor o para poder competir a esos niveles. Creo que eso necesitan un poco los jóvenes de hoy. Creo que hay poca difusión de las oportunidades, de las becas o de las posibilidades de ir a estudiar un tiempo afuera.”

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