El yuyero: Luis Alberto Rodriguez Góngora

El yuyero

Nació el 10 de setiembre del 1964 y desde hace unos 15 años, luego de quedarse sin trabajo, recorre las calles de Young en su bicicleta vendiendo hierbas.

De lunes a lunes, carga sus “yuyos” en uno de aquellos viejos bolsos de tela, grandes y prácticos, que la zapatería “Macri” regalaba a sus clientes y que cada tanto se ven por ahí.

Luis se dedica al oficio de vender hierbas desde hace unos quince años: “Fue por necesidad, en aquellos tiempos yo estaba con mis hijos y me quedé sin trabajo después de un accidente que tuve en la construcción. Comencé cortando Marcela y Carqueja. Yo iba a un campamento para el lado de Santa Marta, a veces, cuando cruzo por ahí, me acuerdo que en esa quintita yo hice un campamento con un banquito y una piedra cortando yuyos… Ahí empecé.”

Ha sido entrevistado por varios medios de prensa anteriormente, entre ellos el diario El País, El Telégrafo, El Pregonero y recientemente un canal de Paysandú. Recorrió varios departamentos con sus hierbas medicinales, en bici y con un carro, vendiendo en los ómnibus y golpeando puertas de vecinos lejanos.

Se ve que Dios me escuchó y me sacó en los diarios, no como jugador de fútbol, pero sí como yuyero.

Como buen vendedor, siempre intenta mejorar y tiene dos cosas que al menos hasta ahora he notado, una es que no es insistente sino firme, cosa que entiendo son bien diferentes, no trata de vender cualquier yuyo con tal de hacer un peso, sino de que uno se lleve el que estaba necesitando o pueda precisar para el bienestar propio.

¿Cómo se fue ganando la confianza de la gente?
Con respeto y educación. Es lo primero que una persona tiene que tener. También confianza en lo que yo hago. Es un trabajo muy delicado, que lleva dedicación y sabiduría. No quiere decir que yo sea mejor que otro, sino que mi trabajo es conocer las plantas para el beneficio de la salud de la gente.

¿Cómo aprendió?
Solo, Dios me dio la sabiduría. Le voy a contar algo, yo nací el 10 de setiembre del 64, a las tres o cuatro de la tarde, según dice mi partida de nacimiento. Yo nací desahuciado, me daban 10 días de vida aquí, y en Paysandú me pusieron en una incubadora, no fui como usted al calor de su mamá cuando usted nació. Yo fui a un coso de vidrio como un pescadito, y Dios me sacó de ahí, tenía un propósito para mí. Yo me crie sin padre, muy pobre, muy mal, falta de cariño total. Cuando iba a la escuela jugaba al fútbol, como todo niño, era hincha de Peñarol y decía que iba a ser como Fernando Morena y salir en los diarios para ayudar a los niños pobres. Se ve que Dios me escuchó y me sacó en los diarios, no como jugador de futbol pero sí como yuyero.

Bolsitas de yuyo

¿Cómo prepara sus bolsitas?
Al principio ponía las hierbas en bolsitas y tenía un dedal que con un fierrito calentaba en una garrafa de 3 kg y cerraba la bolsita, no tenia receta ni nada, solo decía el nombre de la hierba. Después me compré libros, tengo 22 en mi casa, me fui modernizando un poquito. Yo veía que era bueno, pero no tenía adelantos, entonces un día una señora me dijo que había comprado esos libros pero que no sabía para qué eran. Uno con la gente aprende, y ahí saqué las recetas. Yo antes andaba con un libro en el bolso (risas). Cuando les puse las recetas la gente empezó a poner más atención a mi trabajo. Todo se aprende con el tiempo.

¿Usted mismo cosecha los yuyos?
Todos, de noviembre a marzo me dedico solamente al yuyo. Voy al monte y me quedo. Ahí es donde pienso y reflexiono todo lo que estoy haciendo. Porque en ese momento estoy solo con Dios, pienso si hay alguna equivocación, lo que me dice la gente, y así voy aprendiendo más cosas. Yo cuido 120 variedades de yuyos, es bastante para uno que inició de la nada. Tengo una botellita de alcanfor para los dolores internos.

¿Y luego qué hace? ¿Los lleva a su casa?
Sí, tengo una piecita solamente para eso, están los murales de “El País”, “El Pregonero”, “La Hoja de los Jueves”, esos son murales para que la gente mire lo que yo gané. Pensando en el tiempo futuro, uno algún día se va a ir de esta tierra, esto se va a perder. Porque de eso hay que nacer, digo yo, porque no sé a quién dejarle. Dios va a mandar a otra persona.

Reflexiones finales

Para terminar y dejarnos pensando, me dijo: “No sé lo que está pasando, pero se ve que hay mucha violencia, mucha maldad, hemos perdido el cariño, la satisfacción en la familia. No quiero meterme en la vida de los demás, pero uno que se crió sin padre y sin afecto de niño, miro de lejos y veo que a veces tienen al padre, la madre, y lo tienen todo pero no lo valoran, no es por envidia, pero es que uno no se crió con esa oportunidad que ellos tienen.”

“Por tener buenos padres y buenas madres hay que creer en la familia. Construir cosas buenas para la sociedad, dar ejemplos para los niños. El otro día en la plaza Artigas de Paysandú me crucé con seis jóvenes de entre 20 y 30 años. Tres muchachos y tres muchachas, tomando mate, contentos, alegres.

Por tener buenos padres y buenas madres hay que creer en la familia.

“Les pregunté si me podía presentar con los yuyos, ‘Soy el yuyero, vengo de Young’, siempre digo que vengo de Young porque uno no tiene que esconder las raíces de uno, y los vi sin celular, conversando. Les dije ‘sin celular, conversando, natural, siempre unidos, muchachos’. Me compraron yuyos e hicieron bromas.”

“Después encontré una familia: el matrimonio, el yerno y la hija, sin celular, con el termo y el mate. Esas cosas buenas son las tenemos que cuidar.”

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