Ruben Darío Vesperoni: El payaso Pimienta

El payaso Pimienta

Hace 42 años atrás, y con el único fin de alegrar los niños del barrio, Ruben decide tomar un personaje divertido y hacerlo parte de su historia personal.

Ruben Darío Vesperoni tiene 65 años, es jubilado de UTE y vive junto a su esposa, Susy, desde hace más de 40 años. Esta pareja no es de andar perdiendo el tiempo, y lo aseguro porque, según lo que ellos mismos me contaron, se fueron a vivir juntos al día siguiente de haberse conocido. Tienen tres hijos: Carlos René, Sergio René y Ruben René.

Los dos mayores integran el grupo Canto Hermano, que fueron entrevistados en la edición de noviembre del año pasado. Ruben y Susy tienen un comercio pegado a Agencia Central. Inclusive lo ampliaron para brindar un espacio a la hora de esperar el ómnibus. Allí me recibió y me relató gran parte de su historia. Al leerla, muchos recordarán sus andanzas en fiestas, cumpleaños, festejos del día del niño y carnavales.

Con la única meta de llevar alegría a los niños, Ruben decide un día tomar un personaje divertido y hacerlo parte de su historia personal. “El nueve de agosto de cada año cumplo yo…” Así empezamos, tampoco es casualidad que en esa fecha también se celebre el Día del Niño. No pide regalos, o al menos no pretende recibirlos, pero lo que sí hace es pedir para los niños, y celebra todo junto a ellos.

El Payaso Pimienta de Young

¿En qué momento decide ser Payaso Pimienta?
Había un baile que se hacía todos los años en carnaval, en el Club Social. En ese tiempo el presidente era el finado Castromán. Silvia Zeballos era la secretaria.

Había una orquesta brasileña que estuvo dos días tocando, y le digo a Castromán que sería lindo hacer un carnaval infantil, algo que sea sólo para los gurises, y yo me animé a ser el payaso, mi padre que era murguista me pintó la cara. “Cachín” Camio y su señora apoyaron la idea, y fue un éxito, yo tendría más o menos 20 años, porque hace 42 que ando en esto.

Se consiguieron regalos de todos lados. Castromán fue quien me comenzó a decir “Pimienta”, a mí me gustó y quedó. Al año siguiente, como cosa mía se me dio por hacer nuevamente el carnaval infantil, y él me llevó a la Intendencia para hablar, pedimos permiso y me dijeron que si era para los gurises y era una cosa sana, no había problema.

Ahí empezó a surgir el carnaval infantil con el Payaso Pimienta. Hasta el día de hoy, siempre he salido yo a los comercios a pedir, y todo el mundo me ha dado. El señor Castromán me consiguió el primer regalo que teníamos para la Reina del carnaval infantil: una cartuchera para meter los lápices de colores.

Siempre que iba a los comercios y decía que precisaba algo para el carnaval infantil me decían que si era yo el que lo hacía, sí me daban, porque mucha gente sale a pedir y pone los niños como excusa. Yo hacía chocolatadas en el campo, llegué a hacer hasta 650 litros al día.

Después cuando empecé a tener problemas en las rodillas dejé de hacer todo eso, pero el carnaval infantil siempre lo seguí. Lo hago todos los años, mientras tenga vida y pueda andar.

Esto de que la gente lo ayude todavía, habla de su honestidad y transparencia.
Siempre que fui a pedir, aún en el comercio más chiquito, me daban. Este año me quedaron como 100 cuadernos, lápices y gomas.

Cuando vino la batucada de San Javier, yo hablé con la encargada y les dije que tenía un regalo para todos los botijas de ahí, y le llevé la caja con todos los cuadernos y lápices. Ella me dijo que no sabía que había un payaso que regalara cosas tan lindas a los gurises.

Si mal no recuerdo, había un camioncito que iba también repartiendo por los barrios.
Si, El Lapicito. Yo fuí uno de los fundadores. El “Pelado” Santos salió a repartir golosinas y dijeron de llevar al Payaso Pimienta, salimos a repartir y cada año era más grande. Llegó a ser una caravana grandísima. Yo colaboraba con ellos.

¿Qué le deja todo eso a usted?
La amistad tan grande que tienen los gurises. Y me deja feliz que los gurises salgan todos contentos y conformes. Sea poquito o mucho lo que les das, ellos quedan contentos igual.

Me deja feliz que los gurises salgan todos contentos y conformes. Sea poquito o mucho lo que les das.

Es la satisfacción más grande. Un día un muchacho me preguntó que me gustaría ser si no fuera el Payaso Pimienta. “Mi padre”, le dije.

¿Tenían mucha afinidad entre ustedes?
Él era un grande, también hacía todo esto.

O sea que usted siguió la obra de su padre.
Casi lo mismo. Él hacía murga, pero sí mantenía la broma, la risa, el juego con los chiquilines. Yo hacía cosas para los gurises pero a mi estilo.

¿Qué me dice del apoyo de su familia?
La familia es lo más grande. Mi señora es una gran compañera. Si no fuera por ella capaz yo no hacía todo esto, siempre me ayudó, separaba las cosas para las nenas, para los nenes. Igual que mis hijos.

¿Tiene para mucho más el Payaso Pimienta?
Todos los años yo me retiro, entrego la ropa del payaso. Hace dos años cuando hice un espectáculo en la sede de El Trébol, regalé la ropa del payaso, pero llega la fecha y la gente empieza a preguntar qué voy a hacer para los gurises.

Y ahí ya sale Pimienta a pedir permisos.

El traje siempre es el mismo, lo hizo mi suegra. Un día vino el Sr. Porro con el Intendente Carminati y me dijo que iban a inaugurar una plaza, que le gustaría que fuera, y yo fui el que cortó la cinta.

Entonces un grupo de vecinos, en el que estaba mi suegra, dijeron que me iban a regalar un vestuario. El saco es una bandera de Bordaberry cortada.

¿Qué anécdotas nos puede contar?
Un día hicieron en un campo una fiesta grandísima y me invitaron para que fuera. Organicé un cuadro de fútbol de mujeres, la más joven creo que tenía 70 años. Fué fabuloso, yo hacía de juez.

Habían llevado unas bombas de colores y yo llevé una bomba grandísima, compré más de una, entonces probé una frente a casa y al hacerla explotar se rompieron todas las baldosas. Cuando fui a prender la otra bomba que tenía para el día de la fiesta, hice correr a toda la gente, les pedí que se pusieran lejos y tiré la bomba para el campo.

Todos se tapaban la cara, los oídos, ¡y la bomba falló! Ese es el show más grande que he hecho, es una de las historias más lindas.

¿Hay algún mensaje que nos quiera transmitir?
Mi mensaje es que hay que darle apoyo a toda esta gente que está trabajando por los niños, sea quién sea, pero que están trabajando para los botijas.

Por lo menos que los saquen de donde andan ellos, porque hay tantas cosas lindas en donde meter los gurises, por ejemplo el fútbol.

También agradezco tener a mi familia conmigo que siempre me ayudaron y apoyaron en todo.

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