Alfredo Navarro caminando en Plaza Independencia de Young

Ver más allá del horizonte

A los ocho años le descubren un tumor cerebral que, luego de cuatro cirugías, pensaron que había desaparecido, pero después de su última operación, comienza a manifestar dificultad para ver con uno de sus ojos.

Una raíz del tumor aún seguía alojada, apretando el nervio óptico contra el hueso del cráneo, haciendo que en poco menos de tres meses, y sin que los médicos pudieran impedirlo, perdiera la visión definitivamente.

Ese es el inicio de una nueva historia para él, que hoy es una inspiración para quienes lo vemos a diario en la oficina, en el supermercado o en el gimnasio, haciendo pasar por desapercibida una condición que no le ha impedido disfrutar plenamente de su vida.

Alfredo (36) es Abogado y trabaja en el Ministerio de Desarrollo Social (MIDES) y en su estudio propio. Un hombre por demás independiente, meticuloso y con objetivos que hacen erizar a más de uno.

Luego de la última cirugía se desata la pérdida de la visión, ¿fue repentino o progresivo?
La pérdida fue progresiva pero rápida, en cuestión de 2 ó 3 meses quedé con un resto visual que es un claroscuro, o sea, que lo único que distingo es luz, más nada. Yo puedo saber si acá está la luz prendida o apagada, si es de día o de noche.

¿Cómo siguió tu vida a partir de ahí?
Yo estaba más en Montevideo con mis padres, allá contactamos una escuela especializada y nos orientaron un poco. Me dijeron que si bien yo iba a tener esa discapacidad, no era el fin del mundo, y a mis padres le dijeron que ellos ni se imaginaban todo lo que iba a poder hacer. Allí conocimos otros chiquilines ciegos que iban a estudiar a ese lugar, había maestras y hasta una psicóloga ciega.

Con ella nos entrevistamos varias veces en la Fundación Braille. Ese fue mi primer apoyo, muy importante para nosotros que vivimos acá en el campo y no conocíamos esa otra realidad.

Me recomendaron una maestra de Paysandú, Sara Noya, que en ese momento había hecho una especialización en personas con discapacidad visual y daba clases particulares en esa ciudad.

Entonces viajaba una vez por semana a Paysandú, tenía más o menos una hora y media de clases con ella. Me enseñó el Sistema Braille que usamos para leer y escribir, también aprendí un poco a usar el bastón.

Tengo entendido que de niño no te gustaba mucho el bastón.
No, lo odiaba con toda el alma. Y bueno, aprendí otras actividades de la vida diaria: cómo manejar los cubiertos para comer, cómo cortar de forma correcta. Son cosas que se aprenden con la práctica, pero siempre te tratan de orientar, por ejemplo, para no volcar comida del plato, esos detalles mínimos que son importantes.

Alredo Navarro caminando con su bastón

Después practicar el desarrollo del tacto de los dedos con distintas texturas. Eso fue durante un año. Sabiendo Braille y esas otras actividades, estaban las condiciones para insertarme en una escuela común con cualquier maestra de primaria.

¿Cómo te impactó la noticia de que ibas a poder hacer la escuela acá?
Fue la solución a todo. Era muy chico para irme solo y no me iba a ir a ningún lado. Así es que comienzo la escuela. La que me quedaba más cerca, porque vivía frente a la Plaza Castromán en ese momento, era la escuela 17.

En ese entonces, para los maestros y el director, “Quique” Perroux, era todo un desafío, ellos nunca habían tenido un alumno ciego. Por suerte aceptaron el desafío y salió todo bien. Entré a cuarto año en la escuela 17 siendo ciego.

¿Qué lugar eliges para seguir estudiando cuando finalizas primaria?
Hice toda la secundaria en el liceo 1, orientación de Humanidades, después Derecho y cuando terminé fui a estudiar Abogacía en Salto.

¿Cómo es la decisión de comenzar una carrera y tener que irte a otra ciudad?
Yo tenía la necesidad de estudiar algo, no quería quedarme acá. Veía que podía intentar hacer una carrera. En el liceo tuvimos una charla de orientación vocacional con la gente de la Regional Norte.

Yo tenía la necesidad de estudiar algo, no quería quedarme acá. Veía que podía intentar hacer una carrera.

Me acuerdo que estuvieron una mañana y yo me entrevisté con un estudiante que ahora es colega. Le manifesté que me gustaría entrar en Derecho, se puso a la orden y me contactó con el Director.

En ese momento había venido el Director de Agronomía de la Regional Norte, no era el Director General, pero también estuve charlando con él y se puso a la orden para cualquier cosa que necesitara, y me dijo que desde luego iba a ser bienvenido, que si necesitaba algo podía ponerme en contacto con él. Ahí yo quedé re embalado.

¿Cómo te resultaron los primeros meses?
Los primeros años viví en una pensión y claro, los primeros meses extrañé bastante, pero igual volvía cada 20 días. Mi madre me enviaba viandas por encomienda (risas). Fue recién ahí donde me amigué del todo con el bastón. Hasta tercero de liceo un amigo me acompañaba mucho, luego empecé a usar el bastón, pero con mucha resistencia.

Ya en Salto no hubo más remedio que amigarse. La maestra me decía que iba a llegar un momento de la vida en que no iba a poder estar sin el bastón al lado. Eso lo descubrí estando en Salto.

¿Pensaste la posibilidad de tener un lazarillo?
Si, estuve viendo, pero el tema del lazarillo es que lleva tiempo obtener un perro. No es cualquier perro, tiene que ser Golden o Labrador.

Dentro de ellos, tiene que ser un perro que pase determinadas pruebas físicas de formación ósea y que viva mucho tiempo, lo más que pueda. Es un perro que va a ser entrenado y es un entrenamiento muy caro.

También hay otro tema: yo creo que el perro se esclaviza un poco al lado tuyo y tiene una vida limitada. Escuché una charla de gente que usa los perros y dicen que en realidad no es tan así, yo igual tengo mis dudas, prefiero el bastón.

Un perro te puede dar más independencia en cuanto a, por ejemplo, poder salir a correr sin problemas o ir a la playa, con el bastón no lo podés hacer. Nunca probé guiarme con un perro, el día que pruebe tal vez lo voy a preferir, pero me parece que no es tan necesario para ser de guía, el bastón te soluciona un montón de cosas.

Alfredo Navarro aprontando su bicicleta

Sos muy independiente, Alfredo, ¿siempre tratás de hacer todo solo?
Si. Yo sé cocinar, lavo la ropa, hago ejercicio, hace poco compré un aparato para hacer gimnasia. Ando en bicicleta también, en la época liceal hice atletismo.

Antes en Uruguay se organizaban competencias de ciegos, después se dejaron de hacer, pero competi unos cuantos años, hacia salto largo y 200 mts. Después cuando empecé la facultad no tuve tiempo de seguir.

¿Quiénes han cumplido un rol relevante para llevar adelante tu carrera?
En realidad, mi madre siempre estuvo atrás mío en la escuela, prácticamente en el liceo, en cuanto a la lectura de los textos cuando tenía que estudiar.

Yo grababa en aquella época en cassette y en facultad también, los primeros dos o tres años también usé ese mismo método. Luego conocí gente, hicimos grupos de estudio, estudiábamos entre 3 o 4, y siempre había uno que leía en voz alta, entonces ya no era mi madre la que me tenía que leer sino que tenía compañeros que lo hacían.

¿Qué papel cumple la tecnología?
En el año 2000 surgió el tema de la informática, empezaron a aparecer en Uruguay los primeros software lectores de pantalla, que es un programa que lo que hace es leer el texto que aparece en el monitor. Podés leer un mail, abrir una carpeta, un archivo, etc.

El programa te va a leer todo lo que sea texto, eso te permite mayor independencia. Así pude empezar a leer los textos que estuvieran digitalizados, después a través de un escáner copiar el libro del papel a la computadora.

De esa forma logré una independencia absoluta. Yo pedía un libro en biblioteca, lo copiaba y lo estudiaba yo solo. Así fueran 4 páginas, 200 o 500. Es el mismo sistema que hoy utilizo para trabajar. Los programas han avanzado, ahora el escaneo es más rápido.

¿Los celulares también te han aportado soporte?
Esa fue otra evolución. Cerca del 2004 tuve el primer celular con el mismo sistema de lector de pantalla, te lee mensajes, contactos, la hora, o sea, todo lo que trae el aparato.

Los celulares también evolucionaron, por ejemplo, para contar el dinero ahora hay una aplicación que sacas una foto y te reconoce el billete y te dice de cuánto es.

Eso me da otra independencia. Obviamente no voy a estar sacándole fotos a los billetes cuando voy a comprar algo porque no es tan rápido, hay que esperar un ratito, pero sí lo uso cuando estoy en casa, controlo el dinero que tengo, lo ordeno.

Para saber cuánta plata tengo en la billetera, ordeno los billetes, los doblo de manera distinta, los pongo en lugares diferentes según el valor y sé dónde está uno u otro, cuando voy a pagar sé cuánta plata estoy entregando.

Independiente y meticuloso…
Si, sobre todo con la plata (risas).

¿Hace cuántos años que te recibiste?
Hace 6 años.

Alfredo Navarro trabajando en su oficina

¿En qué lugar estás trabajando?
Tengo un trabajo en el MIDES, allí soy Funcionario Administrativo, y en la tarde me dedico a mi profesión en mi estudio propio.

¿Vivís solo o con alguien más?
Vivo solo.

¿Dónde encontrás la mayor limitante?
En la parte de accesibilidad de información para los ciegos. Por ejemplo, las personas ciegas están en permanente lucha por la accesibilidad en páginas web. O sea, si en una página web aparece una imagen que no tiene descripción en texto, para nosotros saber de qué se trata es como si no tuviéramos nada.

Esa es nuestra limitante más grande. Sabés que a veces la gente confunde un poco, se crean rampas pero en realidad las rampas son para personas discapacitadas motrices, nosotros no la necesitamos tanto, podemos subir una escalera perfectamente.

Lo que sí tiene que tener la escalera es un pasamano acorde, o sea, que termine cuando la escalera termina y que empiece cuando la escalera empieza, porque el pasamano es una guía para nosotros.

¿Y en cuanto a las veredas?
Eso no ha cambiado mucho, capaz que ahora hay nuevas veredas en algunos lugares que antes no había, pero eso de que te dejan la moto arriba, el auto estacionado en la mitad de la vereda, carteles, todas esas cosas no han mejorado, la gente no toma conciencia aún.

¿Has estado en algún tipo de campaña para concientizar a la población?
Si, el Grupo por Accesibilidad que se formó con gente discapacitada del medio ha trabajado en eso, haciendo un poco de difusión de todo lo que es la accesibilidad física y de a poco se van agregando cosas.

Se logró la accesibilidad con rampas para el Banco República, BPS, CAMY, Teatro Atenas.

¿Alguna vez te preocupó o angustió lo que otros pensaran de ti?
Sí, cuando era adolescente me preocupaba eso de usar el bastón, por eso lo rechazaba tanto. El rechazo viene por el impacto social, lo que va a decir uno u otro, empieza por ahí.

Ahora no, ya lo asumí. Es una cosa que tengo que usar, que necesito y que la gente lo va a tomar como tal, no pienso que la sociedad me mire distinto o me trate diferente. La gente siempre te pregunta cosas que ignora, sobre cómo me desenvuelvo en el día a día.

Alfredo Navarro paseando en bicicleta con Valeria Centurión

Muchas veces creo que pueden hacerlo desde la admiración y en la forma en cómo te movilizas, por ejemplo, ¿cómo haces en los semáforos?
Bueno, el semáforo… (risas) En realidad, nuestra guía es el tránsito, el sonido del motor. Si escuchamos que los autos que circulan en el sentido que voy caminando siguen de largo es porque está en verde, y si frenan o si alguien está cruzando en sentido perpendicular, obviamente el semáforo está en rojo, esa es la guía.

¿Recibís ayuda de la gente en esas situaciones?
Si, muchas veces me avisan cuando cambia de color la luz, me gritan de arriba de la moto o del auto.

¿Lo tomás como apoyo o te irrita?
Lo tomo como apoyo. Por ejemplo, al cruzar en la ruta 3 es más complicado porque no hay semáforo y la gente anda más rápido. He cruzado solo varias veces pero también muchas veces me ayudan, o simplemente me dicen “cruzá ahora”, eso ya ayuda porque no precisan ni tomarte del brazo.

¿Cómo es tu círculo de amistades?
Tengo una amiga desde antes de quedar ciego, nuestras familias son amigas y el vínculo ha permanecido todo este tiempo. Incluso ella hace dos años también quedó ciega por la diabetes, así que ahora la ayudo en lo más que puedo.

En el verano con nuestras familias nos fuimos de vacaciones a Brasil, es hermosa la playa, ahí conversamos de que andar sola le cuesta mucho pero lo va a lograr, sin dudas.

Después de mis amistades de la escuela rural de Bellaco perdí el contacto con casi todos. Hice nuevos amigos en la escuela y en el liceo de Young, tengo amigos de la universidad que cada tanto visito y compañeros de trabajo con los que también he hecho amistad.

¿Qué consejo nos quisieras transmitir?
Y mirá, yo diría que tratar de mirar un poco el horizonte, superarse a uno mismo y seguir adelante, ya sea con una carrera o un emprendimiento, tratar de no mirar las barreras sino mirar el horizonte, mirar más allá y tratar de avanzar de a poco.

Tratar de mirar un poco el horizonte, superarse a uno mismo y seguir adelante, ya sea con una carrera o un emprendimiento.

De un día para el otro no conseguimos nada, pero sí luchándola todos los días, tratando de superar dificultades, y siempre sin bajar los brazos.

Creo que fue algo que traté de hacer siempre, no dejar de hacer algo porque no veo, sino tratar de hacerlo siempre. Hoy yo sé andar a caballo, he manejado un auto, no en la calle sino a campo abierto, manejé un tractor con la ayuda de mi padre, aprendí a tocar el órgano e hice natación.

He andado solo en la bicicleta común, en eso me guiaba mi padre, él salía en la moto adelante mío y yo seguía el sonido del motor. Incluso en Salto con mi compañero de estudio, que hasta ahora somos amigos, una vez probamos pegarle a la horquilla trasera una tarjeta de teléfono, de aquellas para cabinas, de modo que pegaba en los rayos y hacía un ruido.

Así era como yo lo seguía a él (risas).

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