Alberto Gramont en su planta de silos en Young

Alberto Gramont: un día en su vida

Debido a su fallecimiento († QEPD) decidimos dejar disponible la entrevista realizada en la Edición N° 4 de Junio 2015 como un reconocimiento a su trayectoria y colaboraciones en nuestra ciudad.

Con más de cinco décadas de trabajo, “Toto” Gramont alcanzó a ser un empresario referente del sector rural y destacado por sus generosos aportes a la comunidad.

Oriundo de Soriano, llegó a Young en 1962, con 20 años, después de recibirse como Técnico Rural por la Facultad de Agronomía.

También se formó como piloto a los 19 años, en Salto, porque en ese momento su familia tenía producciones agrícolas en varias zonas de San Ramón (Canelones) y era más conveniente el traslado en avión.

Luego de adquirir experiencia trabajando algunos años en la empresa familiar, en 1969 decide independizarse por estar en desacuerdo por la forma en que se hacían algunas cosas y no entenderse con su hermano en el aspecto laboral.

“El nunca tuvo máquina de calcular” menciona, atribuyendo su éxito a la meticulosidad e implementacion de procesos diferentes para obtener mejores resultados.

Como consecuencia de la separación, él se queda con los campos de Río Negro y Paysandú, y con una deuda bancaria de un millón de dólares, por lo que tuvo que recurrir a un préstamo para poder comenzar a trabajar sus tierras.

El contador de ese entonces le sugirió rematar toda la maquinaria agrícola que tenía, pero él insistió en no hacerlo, prefiriendo vender el ganado y quedarse con la maquinaria.

Gracias a eso, el primer año empató los costos con las 6.000 hectáreas, y el segundo año redujo la agricultura a 1.500 hectáreas y entregó el resto de los campos. Aún así obtuvo ganancias.

Alberto Gramont en su planta de silos

“No era por la cantidad, sino por la calidad de lo que se hacía. Ahí empezamos, siempre trabajando mucho con los costos y no tirar un dólar nunca. Hay que tratar de pensar y de ver qué es lo que podés hacer para funcionar mejor, sobre todo tener un control de los gastos. Muchas veces por no gastar hacés mal las cosas, entonces eso te hace pensar más. Gastar en lo que se debe y ahorrar en donde no es necesario.”

Una faceta suya que se ha hecho pública en años recientes ha sido la de las donaciones:

Cuando me piden capaz que no doy, pero cuando se me ocurre a mí de donar para algún lado me encanta, porque lo hago y me siento bien. Lo disfruto a muerte con eso.

Por ejemplo, en 2008, aportó 250 mil dólares para la construcción de la Sala de Emergencias del Hospital de Young. En 2009, a raíz de una intensa sequía que afectaba a productores de Florida, donó 500 mil kilos de forraje de exportación para paliar la situación:

“Me enteré un domingo, en el diario, hablé con un amigo que me dio el teléfono del Presidente de la asociación de allá (Sociedad de Productores de Leche de Florida) y el lunes al mediodía ya tenían el trigo molido. Se lo molimos acá porque tenemos moledora. Los tipos lloraban, mi mujer lloraba con ellos. Recorrimos varios tambos y nos trajimos para el campo de acá 270 tamberas que estaban al borde de la muerte. Se las devolvimos a los 7 u 8 meses en camiones nuestros. Se nos murió una pero también se la pagamos. Estaban todos contentasos.”

Otro aporte a nuestra comunidad que hizo recientemente fue la compra, por un valor de 10 mil dólares, de un torno y una soldadora eléctrica para UTU de Young. “Creo que están llegando en estos días.”

Comenzando el día

Alberto se levanta temprano a diario, a las 6 de la mañana: “Me encanta tomar mate solo y pensar”. Ese momento de reflexión, en su casa, lo acompaña escuchando Radio Carve y Canal Rural argentino.

Para él, es de vital importancia estar permanentemente informado sobre los aspectos que afectan directamente en su negocio, tales como el clima o los precios que se manejan en mercados extranjeros.

De esta forma, él toma mejores decisiones a corto y largo plazo, que lo ayudan a prepararse en casos desfavorables.

Alberto Gramont en su despacho

“De ese momento saqué la conclusion de que vamos a tener dos años muy malos, seguidos de dos años malos y un quinto que hay que encararlo. El 2015 ya es malo, te diría que el año malo ya arrancó en el segundo semestre del 2014.”

Continuando con su rutina matinal, alrededor de las 8:30 es cuando se dirige hasta su oficina para hacer y recibir llamados teléfonicos paraponerse al día con lo que pasa en su empresa. Permanece allí hasta el mediodía y luego vuelve a su casa para almorzar:

“En las comidas no nos cuidamos nada, tratamos de comer grasa lo menos posible, pero los análisis me dieron todo bien.” Su única debilidad es el cigarrillo, y a pesar de las recomendaciones de su doctor, fuma unos 40 a diario.

Después del almuerzo sigue una siesta de 15 ó 20 minutos y un rato de televisión. “Veo un poco de Intrusos (programa de televisión de espectáculos argentino). Lo pongo un rato por lo menos y ahí lo dejo.”

Tarde de campo

La jornada continua con un recorrido por sus tierras para hacer mediciones y supervisar la producción. Este momento es de placer, por disfrutar del campo, y trabajo al mismo tiempo. Va siempre acompañado del mate y su pareja:

“Ella está al tanto del campo como yo. Especialmente cuando la convivencia con la pareja que uno tiene es buena, sea casado, no casado, lo que sea, pero que la convivencia sea buena eso es lo que más vale y no hay vuelta de hoja.”

Terminando el día

A la noche, su distracción es mirar otro poco de televisión: “Miro el programa Intratables (programa de televisión argentino de actualidad y de archivo). A Tinelli (Showmatch) lo miro un rato nomás. A media noche me acuesto y duermo máximo seis o cinco horas y media por día. Tendría que dormir más.”

Alberto Gramont en su despacho

Esta es la rutina que el empresario local sigue de lunes a viernes, y según él, disfruta de todos los momentos del día. “Ya con la cantidad de años que estoy en esto, 52 años, más o menos sabés qué es lo que te viene bien y lo que te gusta. Yo disfruto de todo, todo el día. Además, con el equipo de gente que tenemos ya se han amoldado mucho al tipo de boliche que están trabajando y entonces no nos traen calenturas ni nada.”

Aún así, las situaciones que, de vez en cuando, lo ponen bajo estrés son las que tienen que ver con otras personas: “A mí el estrés, yo lo tengo cuando son problemas con alguna persona. Simplemente con humanos. Lo que es trabajo y todo ese tipo de cosas no me estresa nada.”

Fines de semana

“Descanso total no tengo. Si hay que hacer algo fuera de lo que trabajo, lo hago. Los fines de semana hablamos con algunos políticos. No es que uno sepa, pero uno tiene una idea y se la transmite. También, cada veinte días, salgo a dar una vuelta, desde la mitad de Paysandú voy hasta Nueva Palmira y paso por Dolores y Palmitas. Veo toda la parte de agricultura porque me encanta estar al día, ver qué es lo que se está haciendo y todo ese tipo de cosas.”

Su pasión por el campo es tal, que incluso los fines de semana sigue, de una forma u otra, en contacto con su actividad laboral.

Para él no hay un límite claro entre placer y trabajo.

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